LET'S SING
Pienso el ser desde aquello que nos hace presentes: el cuerpo, la voz, la mirada y la conciencia de existir. En Let's Sing, la voz adquiere sentido precisamente desde su contrario: el silencio impuesto.
La obra nace de una realidad que me afecta, aunque no me pertenece. Esa distancia es fundamental. No intento representar una experiencia como propia ni ocupar el lugar de otras mujeres. Decido entrar en el cuadro y situarme junto a ellas. La pintura se convierte así en una forma de proximidad y, al mismo tiempo, en el reconocimiento de un límite.
A la izquierda aparezco en un autorretrato. La mirada es frontal, seria, contenida; hay enfado, pero no se convierte en gesto. Es la posición desde la que observo y tomo conciencia de aquello que me separa de las otras figuras. En el centro, esa contención se rompe: la boca se abre y el canto irrumpe físicamente en el cuerpo. Las manos acompañan esa expansión y convierten la voz en gesto, presencia y afirmación. La tercera figura introduce otro estado: la sonrisa desplaza la tensión inicial y abre la composición hacia una posibilidad de esperanza.
El color articula ese recorrido sin convertirlo en una narración lineal. Amarillos, ocres y naranjas atraviesan los rostros y alcanzan la azulejería inventada del fondo, haciendo circular una misma intensidad entre las tres figuras. Frente a la geometría y repetición del ornamento, los cuerpos introducen singularidad, emoción y movimiento.
Hay una tensión deliberada entre la belleza de la imagen y aquello que la origina. Los tejidos, el encaje, el ornamento y la riqueza cromática no neutralizan el conflicto; lo contienen. La voz aparece allí donde su ausencia se vuelve más perceptible.
La pintura no pretende resolver la distancia entre una experiencia propia y una experiencia ajena. Tampoco convertir la empatía en identificación. Me permite permanecer en ese espacio incómodo: acercarme sin apropiarme, mirar aquello que no puedo comprender por completo y asumir la responsabilidad de no apartar la mirada.
La pintura no elimina esa distancia; hace posible habitarla sin dejar de mirar.

